¿Gastar en bienes o en experiencias? Por Gabriel Chaufan

Pareja feliz bienes

Hablemos de felicidad. O de lo que creemos que nos genera felicidad. Muchos dirán que los bienes materiales no son importantes, otros que aunque no hagan a la plenitud del ser humano, aportan instantes de bienestar. Gabriel Chaufan, presidente de BBVA Seguros Argentina y experto en finanzas, nos alienta a pensar en esto e ir un poco más allá: ¿qué nos genera más placer y por qué? ¿Es mejor gastar en bienes o en experiencias? A continuación, su interesante reflexión.

 

¿Gastar en bienes o en experiencias?

Para adentrarnos a indagar en una cuestión casi existencial como es la búsqueda de la felicidad, vengo a proponerles un pequeño juego. Si tuvieran un excedente de dinero y pudieran elegir gastarlo en una de estas dos opciones ¿Qué elegirían? La primera: comprar algo nuevo que querés hace mucho y te gusta, como por ejemplo un nuevo celular, una Tablet o una Smart TV. La segunda opción: usar el dinero en un viaje con amigos, con la familia, pareja o con quien más quieras.

 

Un bien material o una experiencia ¿qué da más felicidad?

Desde el punto de vista de la perdurabilidad, los bienes materiales duran un tiempo considerable, mientras que las experiencias son instantáneas y desaparecen. Por lo tanto, intuitivamente los bienes materiales deberían dar mayor felicidad que las experiencias.

Sin embargo, estudios recientes dentro de lo que se conoce como 'economía de la felicidad' demuestran lo contrario. Los resultados de las investigaciones confirman que vivir experiencias es mucho más placentero y enriquecedor para un individuo que adquirir bienes. Y lo que es aún más curioso es que el hecho de que un bien material esté siempre presente, genera un proceso de adaptación que hace que nos acostumbremos al él y no nos siga generando placer.

Utilidad vs. Recuerdo

Con estos datos preliminares podemos advertir entonces que el placer de los bienes nuevos dura muy poco tanto en nuestra mente como en nuestros corazones. Mientras que los recuerdos de una experiencia vivida, duran para toda la vida y se revalorizan con el paso del tiempo, llegando a ser parte constitutiva de nuestra identidad. Somos la suma de nuestras experiencias.

¿Quién no se acuerda de algún viaje? ¿O de alguna anécdota vivida con amigos? Todos, porque son parte de nosotros, de nuestra historia. Y cuando las recordamos no nos generan otra cosa más que felicidad. Pero si tratamos de recordar el momento en que compramos un televisor más grande y más nuevo, no solo que no nos genera nada demasiado profundo, sino que posiblemente ni nos acordamos cuando fue.

Tejiendo vínculos que nos hacen bien

Las experiencias compartidas también nos relacionan más con otras personas que los bienes compartidos. Es mucho más probable que establezcamos vínculos cercanos y de identificación con alguien que vivió una experiencia similar, por ejemplo un recital, que con alguien que compró el mismo televisor.

Por definición, las familias deberíamos gastar nuestros ingresos en aquellas cosas que nos generen felicidad y no en los productos que la sociedad de consumo pone en nuestras manos. Por lo tanto, si están de acuerdo con las conclusiones del estudio, es tiempo de comenzar a utilizar nuestro dinero para adquirir experiencias y no tantos bienes. Eso nos aportará sin dudas, algo más de felicidad.

Gabriel Chaufan

Presidente de BBVA Seguros Argentina.